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Este texto en español es una traducción automática del original turco y puede contener errores.
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Queridos Hermanos y Hermanas; 10 de octubre de 2003
Con esta carta nos proponemos daros a conocer algunas cosas importantes que están en nuestro corazón y que hace mucho tiempo nos inquietan. Callar es cobardía; «en el amor no hay temor», dice el apóstol Juan. (1 Juan 4:18) Nuestro propósito, en cambio, es una compulsión que proviene del amor. Más exactamente, el amor que hemos aprendido de Dios y de Su Mesías nos compele a escribiros esta carta.
Como aprendimos de vosotros, antiguamente, investigar la religión en que estábamos y tratar de ver sus errores haciendo preguntas era un comportamiento correcto. Nosotros hicimos exactamente eso también. Hicimos esto no por obediencia a vosotros, sino porque era correcto y era la voluntad de Dios.
Vosotros nos enseñasteis que toda clase de mentira es equivocada; no tomar ni dar sobornos, no matar, no negar la ayuda, no actuar con hipocresía y demás. Por esta razón, manteniéndonos lejos de estas cosas, hicimos cambios en nuestra vida. Hicimos esto no para obedeceros, sino porque lo encontramos correcto. También creímos que nuestro Creador quiere que estas cosas sean así.
También aprendimos a ser siempre abiertos y honestos; tan abiertos y justos que, sin esconder nada, sin vergüenza, sin sentir necesidad de ocultar. Porque las personas hacen las cosas malas en secreto, cuando se avergüenzan, cuando se sienten incómodas. Tratamos de guardar estas cosas también. De nuevo tratamos de hacerlo no meramente porque vosotros las dijisteis, o por obediencia a vosotros; sino porque vimos que estas cosas son correctas y porque son la voluntad de Jehová Dios.
Los puntos que escribimos arriba eran solo algunos de cientos de ejemplos. Nos proponemos mantener nuestra carta lo más corta posible. Estas eran para nosotros hermosas palabras, consejos y ánimos. Nuestro conocimiento de vosotros se produjo hace unos 18 años. Y tres años después de conoceros, en la familia solo yo fui bautizada. Por desgracia, en este período de tiempo, puesto que no vimos mucho la aplicación de los puntos que indicamos arriba como se predicaban; como entenderéis de la continuación de nuestra carta, tratamos de poner por escrito los más populares de cientos de puntos más junto con mi esposo, yo, y un hermano que sirvió como anciano y a quien echasteis de entre vosotros porque dijo: «Dios ve el futuro siempre, no de vez en cuando.»
Todavía recuerdo muy bien la asamblea regional celebrada en Alemania en 1988. En esta asamblea, celebrada en un aparcamiento de varios pisos con traducción a muchas lenguas a la vez, nosotros, como toda la comunidad de Testigos, nos habíamos puesto de pie y, mencionando uno por uno los errores cometidos y creídos en todas las religiones generales, habíamos clamado, gritando con gozo y fe, cuánto abominábamos de estas cosas. Estas eran: enseñanzas equivocadas, evitar el nombre de Dios, la creencia en la trinidad, vidas inmorales, etc. Recalcamos que abominábamos de estas cosas porque no las encontrábamos correctas. Tales cosas no eran del tipo que se pasa por alto con la imperfección.
Es precisamente con este fin que os escribimos esta carta. Esto no significa que seamos mejores que vosotros, ni debería significar que sepamos más, y menos aún debería significar que seamos más grandes que vosotros. Para decirlo en vuestras propias palabras, escribimos esta carta no como unos «de arriba», sino como unos «de lo más bajo».
Lo importante para nosotros era lo que Dios espera de la humanidad. No quién tiene qué etiqueta o poder. Y también aprendimos de Jesús el Mesías que todos somos hermanos. De nuevo debemos decir con tristeza que en la práctica tampoco vimos estas cosas. Claramente, ¿qué queremos decir en realidad? Creo que la continuación de nuestra carta explicará lo que queremos decir con estas cosas.
Después de entrar entre vosotros, notamos que el hacer preguntas se miraba con un ojo equivocado y malo. Estas preguntas no eran preguntas sencillas que provenían de la ignorancia. Creo que no necesito decir que tales preguntas las acogéis con gran placer. Las preguntas a las que nos referimos eran, después de una investigación seria, preguntas basadas en pruebas y evidencias, que requerían que pensáramos profundamente sobre las enseñanzas de la Organización. A los que hacen tales preguntas, generalmente, más que una respuesta, se les pregunta el motivo de la persona (actitud del corazón), su fin, y se da una respuesta. Y con esto, nos encontramos con actitudes y comportamientos cuya respuesta de ningún modo es satisfactoria.
Por ejemplo: los entendimientos sobre cuándo vendrá el fin. (1874-1914-1918-1925-....1975) Aunque ninguno se cumplió. Así como los errores cometidos en estas fechas nunca se confiesan, al contrario; estas fechas y el año 1914, que nunca pierde su actualidad, todavía se defienden. Aunque estas cosas no lleven ninguna importancia para nosotros ahora, lo terrible que notamos es que echáis a los que no creen en estas fechas de entre vosotros y los declaráis ahora lejos de Dios e incapaces de salvarse. Y decís que hacéis esto con la autoridad que recibisteis de Dios. ¡Y vuestra creencia de que sois el canal que viene de Dios hace la situación aún más espantosa! Estas son solo cifras, fechas, pero la creencia de muchas personas en ellas y los cambios que hicieron en su vida en esa dirección causaron que esas personas después llevaran su vida en situaciones muy difíciles. Algunos hicieron que les pagaran por adelantado su seguro de jubilación porque venía el fin, algunos vendieron sus bienes y riqueza, algunos, al dejar sus muy buenos trabajos, después se encontraron cara a cara con el desempleo. ¡Esto fue tan lejos que se subieron a botes y pasaron unos días en el mar para ver la destrucción del mundo!
Otro tema, la situación de los hermanos en Malaui, es mucho más amargo y terrible que estos. Para vivir conforme a la orden que recibieron de vosotros, no solo perdieron sus casas, sus campos. Sus mujeres fueron violadas, fueron quemados vivos. Sus campos y casas fueron saqueados y miles tuvieron que huir, dejar todo atrás. ¿Por qué? Porque llevar una «tarjeta de partido» les había sido prohibido por su Organización religiosa. Es decir, vosotros lo habíais prohibido. Sin embargo, en el país había solo un único partido, y esta tarjeta era algo que el estado veía necesario que todos obtuvieran, obtenida por muy poco dinero, algo que todos naturalmente tenían que cumplir. Podríamos incluso llamarla una tarjeta que ocupaba el lugar de un documento de identidad. Pero estos Testigos, rebelándose por una razón absurda contra la administración de partido único que llegó al poder tras la revolución en el país, fueron blanco del odio de aquella sociedad de la nada, y así estas cosas les sobrevinieron.
Y el aspecto más enfurecedor del asunto es que, al mismo tiempo, ¡permitisteis fácilmente a los Testigos en México obtener, con un soborno, una tarjeta que decía que habían hecho entrenamiento militar! Mientras los hermanos en México hacían estas cosas con mentira, soborno y fraude, no estando tranquila su conciencia, escriben esto a vuestro cuerpo gobernante de personas responsables allí: «Hemos hecho así hasta ahora, ¿qué debemos hacer de ahora en adelante?» La respuesta: «No nos escribáis sobre estos asuntos de nuevo, haced como habéis sabido hasta ahora.» Mientras por un lado a esas personas en México se les permite hacer algo con soborno, mentira, fraude y que es ilícito, por otro lado en Malaui, lícitamente y sin requerir ninguna mentira ni fraude, sin vender nada de su propio carácter, ¡tomar la tarjeta lícita del Partido con el fin de usarla como una tarjeta de identidad está prohibido! Sin embargo esta tarjeta ni los forzaba a votar ni a tomar partido. Como dijimos de todos modos, es una administración de partido único. ¿Quién quiere que sea así? ¡El canal de Dios! De entre vosotros, ¿quién llevará la culpa de sangre de todas estas personas?
La situación en la Alemania de Hitler tampoco es muy distinta. Todavía leéis jactanciosamente en vuestras asambleas la carta que escribisteis a un dictador loco. ¡Una carta escrita al mismísimo Hitler! De los Testigos de Jehová en América a Hitler. Y con estas cartas, se muestra desafío a Hitler. Hay un dicho en turco: «pisar la cola de una serpiente dormida» — es exactamente tal situación. No debería ser difícil adivinar la situación de los Testigos que vivían en Alemania después de eso. Mientras escribían tal carta provocadora a alguien como Hitler, los de América tenían la espalda tranquila, por supuesto. Mientras la copia de esta carta se leía por primera vez en la asamblea, antes de escuchar su resultado, había dicho dentro de mí: «Los Testigos de allí están perdidos.» Y en efecto estuvieron perdidos. Aquí, sin embargo, la actitud de los Testigos se aprecia, que eran comportamientos ejemplares que podían mostrarse contra la política de Hitler. Pero lo que no podemos entender es vuestra provocación. A nuestro juicio un comportamiento sorprendente y muy imprudente. Un comportamiento que costó la sangre de muchos. ¿Qué corregisteis con aquella carta? ¿De qué de ella os jactáis todavía? ¿Qué clase de beneficio se vio entonces y después? ¿Os jactáis de ser intrépidos como uno que desafía? Aunque alguien que viviera en Alemania, no en América, escribiera aquella carta, aun así lo veríamos como no valiente sino como haber actuado neciamente. Pero para vosotros no es solo necedad; al mismo tiempo no podemos pensar en otra cosa que en que vosotros, por así decirlo, ayudasteis en el derramamiento de la sangre de muchas personas y en los sufrimientos de esas personas.
Al principio de nuestra carta, con «preguntas que no se os pueden hacer», nos referíamos a tales preguntas. Pues bien, ¿de dónde conocemos estas cosas? Porque tales verdades se desvanecen silenciosamente entre solo un puñado de hombres dentro de vosotros. Pero uno de vosotros revela esto. Y de uno que se sienta en lugares muy altos. Un Testigo de 62 años que os sirvió durante 43 años de su vida y pasó sus últimos 9 años en el cuerpo gobernante. Uno valioso, que no se os parece, Raymond Franz. Sus libros (todavía no hay turco) han sido publicados en muchas lenguas. Uno es un problema de conciencia, el otro es una búsqueda de la libertad cristiana.
En el punto que escribimos arriba, no hablamos de algunos temas de mentira, fraude, soborno, ni de las mentiras corrientes entre Testigos consideradas corrientes. Nuestro tema es cómo un Testigo, a sabiendas o sin saberlo, después, por miedo, niega ante la ley sus palabras sobre un tema que entra en conflicto con la Organización. O decir cosas que no tienen nada que ver con la verdad para proteger a la Organización. Y con una conciencia tranquila además. Si es necesario, en el tribunal. Al hacer esto, esas personas se ven a sí mismas como si se hubieran sacrificado por su Organización. Así se enseña y este aire sopla también entre ellas. Y mientras se defienden, se consuelan diciendo que incluso el apóstol Pedro, en una situación difícil, había negado a Jesús. Sin embargo Pedro no hizo esto de un modo planeado, ni recurrió a tales mentiras sistemáticamente como vosotros. Otra cosa que noté mientras predicaba de puerta en puerta es que, cuando se llama a la puerta de un musulmán y se empieza una conversación con él, ante la pregunta de la persona musulmana al Testigo: «¿Has leído el Corán?», el Testigo también dice «sí». Sin embargo es una expresión y un uso de la lengua que no sirve sino para engañar al dueño de la casa, cuando ha leído solo uno o dos versículos, una o dos líneas, del Corán. ¡Con esta supuesta manera de predicar, se sirve a Dios diciendo mentiras!
Mientras en algún lugar de vuestras publicaciones os jactáis de que hasta ahora ningún Testigo ha tomado un arma y matado a nadie, por otro lado hay miles de personas enviadas a la muerte por vuestra orden. El suceso de Malaui que mencionamos arriba. ¡Y con una carta casi amenazadora a Hitler, se trata de salvar a los supuestos Testigos! A causa de esto, las torturas hechas a decenas de miles de Testigos por toda Europa, los tormentos en los campos nazis, etc. Estos son temas que todos conocemos. Pero que nunca hayáis tomado tal necedad sobre vosotros mismos nos asombra. Un tema que llama nuestra atención también es que durante todos estos años, nunca os habéis disculpado con nadie sobre ningún tema en vuestras publicaciones. Así pues, a pesar de vuestro decir «somos imperfectos», surge la convicción de que en la práctica sois perfectos.
Aunque sabíamos que no sois profetas, os recibimos como dándoos el valor de un profeta. Aunque no sois el canal de Dios, escuchamos como si hablarais de parte de Dios. Creo que muchos, como yo, se acercaron a vosotros con el mismo pensamiento y fe. Todavía os sirven, pero no a Dios. Pero aun así las palabras de Jesús son dadoras de esperanza para los como nosotros. Allí:
«Quien recibe a un profeta porque es profeta recibirá una recompensa digna de un profeta. Quien recibe a un justo porque es justo recibirá una recompensa digna de un justo», dice. Evangelio-Mateo 10:41
Nosotros, poseyendo estos pensamientos, continuamos nuestra relación con vosotros. Si no producís obras dignas de esto, esta será vuestra carga, no la de los que creen en vosotros. Pero a los que insisten en usaros, por así decirlo, como un «bastón de fe» al acercarse a Dios —porque hacen esto solo pensando en su comodidad, o porque tienen miedo— Dios les quitará ese bastón de las manos en el plazo más corto. Entonces, ¿cómo andará este pueblo? ¿No decís «antes de que venga el fin todas las religiones serán prohibidas»? Este pueblo, que no puede distinguir su derecha de su izquierda y al que habéis hecho dependiente solo de vosotros, ¿qué hará entonces?
Un hermano que sabe con certeza que morirá a causa de su enfermedad, una persona que cree en Dios y ha creído de corazón. Un Testigo de Jehová. ¡Solo porque esta persona, antes de morir, diciendo «déjenme ver a mis hijos una vez más y luego déjenme morir», aceptó tomar sangre para vivir unos días más, vuestra rapidez en declarar, estando todavía en el hospital, que habíais cortado vuestra relación con él! ¡Qué clase de rapidez vuestra es esta! Esa persona está muriendo ese mismo día de todos modos. ¿Cuál era esta prisa vuestra en estamparlo, antes de su muerte, como ya no digno de Dios y un hijo del infierno? ¿Porque tomó sangre? Sin embargo, mientras enseñáis el tomar sangre como un gran pecado, todos vosotros indirectamente tomáis todo lo relacionado con la sangre. ¿Cómo? Se explica en detalle en las páginas 143 a 158 de la 2.ª sección del libro de Raymond Franz Christliche Freiheit (CD). Pero tomaremos este tema de nuevo más adelante.
Digamos que ese hermano pecó al tomar sangre. No lo hizo, porque si tomó sangre directamente, vosotros la tomáis de todos modos por vías indirectas. (Creo que no necesito decir que una de las vacunas que vuestros misioneros han administrado, o vacunas relacionadas con la inmunidad, se obtiene de al menos 15 litros de sangre; estas son cosas de conocimiento general.) De nuevo supongamos que ese hermano pecó. A alguien que va a morir esa misma noche de todos modos, ¿era necesario decirle, nuestra relación está cortada, estás privado de la misericordia de Dios; en otras palabras, ya nunca te salvarás? ¿Es esto lo que significa seguir a Jesús? ¿No dijo Jesús a los como vosotros, más que un poco, «quiero misericordia, no sacrificio»? ¿Cómo juzgó Jesús a la mujer sorprendida cometiendo prostitución? Cuando dijo «el que de vosotros esté sin pecado, arroje la primera piedra», ¿no habéis leído que todos los judíos se fueron uno por uno, dejando a esa mujer sola, y que Jesús tampoco la juzgó? ¿Sois vosotros los que afirmáis ser los seguidores de Jesús? Bravo, de verdad. No estáis solos en este asunto; vuestros ejemplos similares en la tierra son tantos.
Afirmáis: «somos el canal de Dios y enseñamos por medio de este canal.» Vuestros ancianos, que toman enseñanza de este canal, preguntan al lugar que es vuestro cuerpo gobernante, Nueva York-Brooklyn:
Una hermana cortada de la asociación (relaciones), pero todavía asiste a las reuniones. Mientras sube las empinadas escaleras de la congregación con un cochecito de bebé, sola, da la espalda y tira del cochecito por los escalones uno por uno. ¡Nadie ayuda; tienen miedo de caer en pecado! Pero aun así, las conciencias que habéis cauterizado debieron de inquietarlos, ya que os preguntan: «¿Debemos sostener el cochecito de bebé para ayudarla a subir las escaleras?» ¡Estos son ancianos, los pobres! Y yo digo: «¿no preguntaron dentro de sus conciencias, qué haría Jesús?» No, sino que preguntan a Brooklyn: «¿qué debemos hacer?» Habéis entendido por qué los llamo los pobres.
¿Qué dice el Señor por medio de Jeremías sobre vosotros y los como vosotros?:
Son sabios para hacer el mal. Pero para hacer el bien no tienen conocimiento. Jeremías 4:22
¡Si, en una de vuestras asambleas, un superintendente que habla toma unas Sagradas Escrituras marrones en su mano y dice «si la organización dice que este libro es negro, este libro es negro», y es sostenido en una lluvia de aplausos, qué diremos de este pueblo! Hitler fue siempre el culpable, pero ¿qué era el pueblo alemán que lo aplaudía? Al oír estas cosas siento vergüenza. Los que aplauden, sin embargo —Jesús ya dijo que serían suyos. ¿Qué significa si estas enseñanzas no reflejan vuestro verdadero rostro? Escribimos estas cosas quizá para provocaros de algún modo y haceros avergonzar. Quizá también aspiramos a ayudar a algunos de entre vosotros, de algún modo, a ver la verdad. Escuchéis o no escuchéis, pero escribimos para que, cuando venga el día de Dios, no podáis decir «no lo sabíamos». ¿No nos advertisteis? ¿Por qué no habríamos de advertiros del mismo modo? Además, vemos esto como una deuda. ¿Y no es esto también mandato de Dios? ¡Y al mandar, sin preguntar en qué piso estamos! Dios seguramente no hará una distinción como vosotros, «¿viene esta carta de lo más bajo, o de lo más alto?» (Ezequiel 3:18)
Aunque no esperamos que aceptéis vuestro error, aun así advertiremos. En vuestras publicaciones de la Atalaya y la revista ¡Despertad!, poned ahora por escrito un poco de vuestros propios males y errores también. Durante todo un siglo vuestra propia boca solo se ha alabado a sí misma. ¡Hasta la iglesia, 3-4 siglos después, con algunas comicidades, ellos también se disculparon! (El caso de Galileo) ¿O necesitáis vosotros también tanto tiempo para disculparos? Entonces, ¿se os dará? Así como juzgasteis sus males y pecados, ¿suponéis que no seréis juzgados del mismo modo? Ellos son hijos de destrucción según vosotros; pues bien, con estas obras vuestras, ¿qué hijos sois vosotros?
De nuevo, el número de los que, a causa de la presión de la Organización entre vosotros y la conciencia que moldean en sus miembros, caen en depresión y se suicidan no es nada pequeño. Estas experiencias, con las que nunca podemos toparnos en las revistas ¡Despertad! o las publicaciones de la Atalaya, las leemos y oímos de los que vosotros llamáis «apóstatas», de los periódicos. Que en nuestra relación de unos 20 años con vosotros, y en todo vuestro pasado mucho anterior, en todas vuestras publicaciones siempre hayáis sido una organización que se alaba a sí misma es en verdad otro tema. Sin embargo, cuánto es esta jactancia un comportamiento contrario al espíritu de las Sagradas Escrituras. En los Proverbios de Salomón 27:2:
«Que otro te alabe, y no tu propia boca; un extraño, y no tus propios labios», dice.
Cuando es necesario, con citas de las leyes de Moisés, usáis la palabra de Dios con el fin de confirmar vuestras propias obras, con versículos con el fin de ajustarlos al interés o la enseñanza de la Organización. Pero también sabéis que allí dice: «Buscaré la sangre de una persona inocente de todo Israel.» Un versículo similar aparece en Deuteronomio 21:7,8. En Malaui, en la Alemania de Hitler, en México, y junto a todas estas cosas, las personas inocentes que echasteis de entre vosotros que os sirvieron fielmente durante años. Y vuestras razones para echarlos son: o bien alguien comió una comida con su empleador apóstata (siendo la razón del empleador para apostatar que, durante un estudio de libro, a su pregunta sobre una publicación de la Atalaya «¿por qué escribe esto así?», dijo: «o bien cometieron un error o es una estupidez»), o bien otro, mientras hablaba con un amigo, dijo: «yo tampoco estoy de acuerdo con la organización en todo tema» — estas cosas causan que esas personas sean echadas, para vosotros. Y ese hermano tiene 91 años cuando es echado. Este hombre, a quien ya no dejáis que nadie ayude, muere tres años después. ¡A algunos los echan por decir «Dios ve el futuro siempre, no de vez en cuando»! A otra, una viuda, la echan porque trabaja en labores de limpieza en un cuartel militar para ganarse la vida. Al mismo tiempo, ¡la esposa Testigo de un oficial que trabaja en labores de limpieza en la casa de un general en ese cuartel es mirada con normalidad! Porque el general da el dinero de su propio bolsillo, mientras que la que trabaja en el cuartel toma su salario de defensa. A algunos, mientras trabajan en jardinería, los echan porque «¿por qué cortaste las hierbas en el jardín de la iglesia?». O a un hermano que es electricista lo mantienen alejado de las reuniones porque «¿por qué hiciste la electricidad de la iglesia?». A una vieja abuela también la cortan de la asociación por «¿por qué hablaste con tu nieto cuyas relaciones están cortadas?». A madres y padres los echan porque sus hijos vinieron a visitarlos. ¡Porque los hijos dicen «ya no queremos ser Testigos»! Acabábamos de escribir cuán despiadada y apresuradamente echasteis al padre que tomó sangre para ver a sus hijos una última vez antes de morir. Si me pusiera a escribir los miles de ejemplos, los libros no los contendrían. Estas palabras del Señor en el libro de Ezequiel vinieron a nuestras mentes:
«He aquí, yo estoy contra los pastores, y demandaré mis ovejas de su mano, y haré que cesen de apacentar las ovejas; y los pastores no se apacentarán más a sí mismos; y libraré mis ovejas de su boca, para que no les sean por comida. Ezequiel 34:10
Mis ovejas anduvieron errantes por todos los montes y sobre toda colina alta; y mis ovejas se dispersaron por toda la faz de la tierra; sin haber quien pregunte ni quien busque. Ezequiel 34:6
Puesto que empujáis con el flanco y arremetéis con el hombro y corneáis con vuestros cuernos a todas las débiles hasta que las habéis dispersado afuera; por tanto salvaré mi rebaño, y ya no serán por presa...» dice el Señor en Ezequiel 34:21.
¿Suponéis que Dios no demandará la sangre de todas estas personas de vuestra mano? Si la demandó de las viejas generaciones, la demandará de vosotros también. Así como antiguamente desechó a Su propia nación de Israel, os desechará a vosotros también. Además, ellos eran una nación llamada por Dios mismo. Pues bien, ¿quién os llamó a vosotros? Vosotros mismos. De las manos sangrientas de las religiones católica, protestante, musulmana y de tantas más, ¿son vuestras manos más limpias porque no vais a ser soldados? Decimos que no. No seáis de ningún modo arrogantes con vosotros mismos y digáis: «aprendisteis sobre Dios de nosotros y ahora sois ingratos.» El apóstol Pablo —que, si alguien merece jactarse, es él— mirad lo que dice con el espíritu de Dios:
¿Quién es Apolos? ¿Quién es Pablo? Cada uno es un siervo que fue un medio de vuestra fe... Yo planté la semilla, Apolos regó. Pero Dios la hizo crecer. Lo importante no es el que planta o el que riega, sino Dios que hace crecer lo plantado. 1 Corintios 3:5-9
Pablo aquí recalca que todo el valor se dé ni al que planta ni al que riega, sino al que lo hace crecer. Y puesto que este no es ni Pablo ni Apolos, ciertamente nunca puede ser vuestra «Organización», que elevais a los cielos y exaltáis como adorando. Pues bien, ¿quién es? Leímos lo que dice Pablo: dice «el Señor». ¿Hay tal espíritu en vosotros? No lo hemos visto. Entender de qué canal sois el espíritu ya no es nada difícil.
Las iglesias adoran y exaltan a María y a Jesús como Dios; los musulmanes dan esta gloria a Mahoma; los judíos a Moisés; creo que no necesito contar a los hindúes, a los budistas. Vosotros también estáis en el mismo recipiente con el valor que dais a vuestra Organización más que a Dios. Escribo esto porque os veis a vosotros mismos como los únicos y más limpios en la tierra. También sabemos que con esta carta solo despertaremos odio en vosotros. Pero el profeta Amós dice así:
«Odian al hombre que los reprende en la puerta, y abominan del que habla con rectitud», estas palabras en Amós 5:10 no se dijeron en vano.
Jesús el Mesías dijo: «Nadie puede venir al Padre sino por mí.» (Juan 14:6) Y 1 Timoteo 2:5-6 dice: «Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres.» Vosotros, sin embargo, al ligar la vida eterna a la Organización, insidiosamente forzáis a las personas a negar tanto al Señor Dios como a Jesús el Mesías. Porque en las Sagradas Escrituras vemos que esta autoridad no se da a nadie sino a Jesús el Mesías, el mediador entre Dios y Él mismo. ¿Pero no advirtió Jesús a la humanidad muy hermosamente sobre este tema? En Lucas 21:8:
«No dejéis que os extravíen. Muchos vendrán en mi nombre, diciendo: Yo soy, y el tiempo se ha acercado. No vayáis tras ellos.» (El libro de la Buena Nueva, es decir, el Evangelio)
¿Hay un versículo en algún lugar de las Sagradas Escrituras que diga, id tras la Organización? Por desgracia, como vosotros también sabéis muy bien y como tomasteis este tema en el cuerpo gobernante, la palabra «Organización» ni siquiera aparece en ningún lugar de las Sagradas Escrituras, de ningún modo en absoluto.
Pues bien, ¿quién es el «esclavo fiel y discreto» que se nos ha enseñado hasta ahora con tanto ardor? (Mateo 24:45-51) Jesús dice una palabra que arroja luz sobre esta pregunta:
¿Quién es mi madre, quiénes son mis hermanos?... Quien hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, hermana y madre.
Quienquiera en la tierra que esté en consonancia con este principio, él es también el esclavo fiel y discreto. Pero por alguna razón nunca leéis a vuestros miembros las partes de abajo de ese versículo que tanto amáis. Venid, voceémoslo al menos en esta carta. Quizá penséis. Porque Jesús también habla de los siervos malos que estarán entre aquellos esclavos. Y dice exactamente así:
Pero si aquel siervo malo dice en su corazón, Mi amo se tarda, y empieza a golpear a sus consiervos, el amo de aquel siervo vendrá en un día que no espera y a una hora que no sabe, y lo partirá en dos y le dará su parte con los hipócritas; allí habrá llanto y rechinar de dientes. Mateo 24:48-51
También sabemos que os apropiáis de todas las cosas buenas escritas en las Sagradas Escrituras, y atribuís todas las cosas malas a los que no están con vosotros. Como dijimos, escuchéis o no escuchéis, continuaremos hablando. Nuestra conciencia nos compele a hacer esto. A la luz de los temas mencionados arriba, podéis ser a lo sumo de esta clase del esclavo malo. Porque si esta parábola de Jesús es una profecía, ¿no encaja exactamente con vosotros y con aquellos cuyas obras son como las vuestras? No llevamos el fin de obtener una respuesta a esta carta que escribimos de un robot que empleáis en la sección de escritura. Nuestro fin es: si nuestras palabras fueron duras a causa de vuestras obras, dirigid vuestros pensamientos y sentimientos no hacia nosotros; hacia vuestras obras, vuestras enseñanzas, hacia pensar cómo os libraréis de la Organización cuyo instrumento sois. Y evaluad nuestra carta como una que viene de lo más bajo, de naturaleza de advertencia, no de naturaleza de enemigo. Aunque no creemos que vayáis a hacer tal cosa, nuestro fin es por amor a estas palabras que Dios dijo al profeta Jeremías:
Quizá escuchen, y cada uno se vuelva de su mal camino, y me arrepentiré del desastre que pensaba traer sobre ellos a causa del mal de sus obras. Jeremías 26:3
De nuevo, como decís, en ningún lugar de los Escritos Sagrados se enseña que las reuniones, o las congregaciones, sean la cabeza del hombre. Además, mientras quién sabe cuántas religiones y sectas cristianas en la tierra afirman esto, quisiéramos recalcar que no estáis solos. Pero el apóstol Pablo dice claramente en 1 Corintios 11:3:
...la cabeza de todo hombre es el Mesías... No dice reuniones, congregaciones, organización ni nada por el estilo. Es más, no da esta autoridad de ser cabeza ni a un anciano, ni a un superintendente, ni a rangos tomados bajo otro nombre, ni a personas. Sino que, corto y conciso, dice «es el Mesías». Los versículos que dicen «estad sujetos a los ancianos que están sobre vosotros», los entendemos de nuevo en el sentido del versículo «estad sujetos a las administraciones que están sobre vosotros». Así como hay que decir «no» a las administraciones en sus demandas que están fuera de la voluntad de Dios, ¿por qué se habría de sacar de estos versículos una interpretación distinta contra los que pasan por ancianos?
Esto muestra que Dios no da a nadie sino a la persona que ha determinado para nosotros la autoridad de ser cabeza sobre nosotros. Solo entonces podemos esperar ayuda en este camino que andamos con el ánimo del espíritu de Dios.
Al principio nosotros también fuimos engañados, y gracias a vosotros también engañamos. Las palabras hinchadas de vuestros escritos, por ejemplo en vuestras publicaciones alemanas, en la revista ¡Erwachet! 22 feb. 1985 «Durch Aufgeschlossenheit Gottes Wohlgefallen». En esta revista vuestra mencionada aquí, se enseña que una persona debe ser abierta con una rectitud sincera, sentida, que viene del corazón. En realidad ahora evaluamos esto, con nuestro ojo presente, como cebo puesto para atrapar a las personas en una trampa. De nuevo, una de cientos, la revista Wachtturm fechada el 15 ene. 89, «Bist du für neue Gedanken Aufgeschlossen?» Es decir, «¿Estás abierto a un nuevo pensamiento?» De nuevo la misma trampa y el mismo cebo. Estas, como dijimos, son solo dos ejemplos de vuestras cientos, miles de enseñanzas. ¡Leímos estos escritos con gran gozo y fuimos engañados. Predicamos estas palabras a otros para atraer personas a vosotros, y los engañamos también! ¡Como dijimos, gracias a vosotros!
Hasta que metéis a una persona entre vosotros, le enseñáis que debe hacer todas estas cosas esperadas. Por ejemplo, diciendo: «Una persona debe investigar su propia religión, hacer preguntas y ciertamente obtener también una respuesta. Debe examinar la historia de esa religión, etc. etc.» Pero los mismos principios no son válidos para un Testigo de Jehová. Un Testigo, sea correcto o equivocado, sin que se le pregunte ningún comentario o su propio pensamiento, debe creer como dice la Organización, vivir así, y morir así. ¿Cometió la Organización un error? Sea así; el lema «en vez de andar solo por el camino correcto, anda por el camino equivocado junto con la Organización» tampoco ha sido desconocido para vuestros oídos, ¿verdad?
En la página 13 del libro de la Verdad (en alemán, Wahrheits-Buch), está escrito lo que una persona debe hacer para cambiar correctamente su religión hacia vosotros. Allí:
«Debemos investigar no solo las cosas que nosotros mismos creemos, sino al mismo tiempo, en cuanto a si es correcto, las cosas que nuestra religión nos enseña también. ¿Son las enseñanzas completas y están en armonía con los Escritos Sagrados, o se apoyan en enseñanzas humanas? Si amamos la verdad, no debemos tener miedo de hacer tal investigación. Todos debemos saber sinceramente cuál es la voluntad de Dios y hacerla también», se dice.
¿Por qué no empezamos esta investigación enseguida con nuestra Organización? En cuanto a: «¿Se apoyan las enseñanzas a lo largo de los últimos 100 años en enseñanzas humanas?» En cuanto a: «¿Por qué no se cumplió ninguna de las profecías que contaron?» En cuanto a: «¿Por qué echan de entre ellos enseguida a los que hacen tales preguntas?» Con vuestro programa de lavado de cerebro preparado con tales preguntas, ¿suponéis que estáis haciendo tontos a las personas? ¿Y qué significa decir, «ve a hacer estas preguntas a tu propia religión, pero después de venir a mí, no te atrevas a hacer ni pío»? ¿Qué clase de justicia y rectitud vuestra es esta? ¡Con todo vuestro programa habéis enseñado a 6 millones de personas hasta ahora no solo que el negro es blanco, que el día es noche; sino también que no se hagan siquiera preguntas sobre estas cosas!
¿Es esta la verdad a la que invitáis a las personas? ¡Así como no aceptamos la verdad nosotros mismos, no permitir tampoco a los que la aceptan! Qué hermosamente dijo Jesús para los como vosotros:
Cerráis el Reino de los cielos en las caras de las personas; pues vosotros mismos no entráis, y no dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Pues recorréis mar y tierra para hacer un solo prosélito, y cuando lo es, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. Mateo 23:13-15
Pero ¿qué dice C.T. Russell, el fundador de la Torre del Vigía: «Ninguna Organización en la tierra puede expedir un pasaporte que vaya a las glorias celestiales.» (Russell Studium Band) Este era vuestro viejo pensamiento. Ahora, con una enseñanza y un rumbo enteramente distintos, ¿os ponéis a ver el ir en la dirección opuesta como desarrollo y a explicarlo con el dicho «el sol de los justos brilla cada vez más»? Porque este cambio en vosotros es un cambio hacia no el bien sino el mal. Por esta razón no puede compararse con los justos. Caracterizamos esto vuestro como un ir no a la luz sino solo a la oscuridad.
Con la creencia que metéis en las mentes de todos vuestros miembros, «el fin vendrá muy pronto», no queréis que ni construyan una casa ni compren nada nuevo. Es más, aun si tienen problemas de salud, diciendo «el fin vendrá de todos modos», los habéis guiado a vivir con estos problemas durante toda una vida. ¡Mientras miráis de reojo a la persona que compra un coche nuevo y construye una casa; al mismo tiempo reunís obreros gratis para ser empleados en la construcción de vuestros edificios Betel que se van a construir! Y siendo esta la enseñanza de la Organización principal: «De ningún modo salgas fuera de nuestra palabra. Esto es para tu bien. El fin vendrá de todos modos, echa de tu espalda la carga relacionada con el futuro. Pero toma nuestra carga sobre tu espalda, llévala!» — mientras decíais esto vi que vuestras caras no se enrojecen en absoluto. En Mateo 23:4-5 y 27, qué hermosamente dice Jesús:
…Porque ellos mismos no hacen las cosas que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar y las ponen sobre los hombros de otros, pero ellos mismos ni siquiera quieren mover su dedo para llevar estas cargas. Hacen todas sus obras para ser vistos... ¡Ay de vosotros, escribas, fariseos e hipócritas! Sois como sepulcros blanqueados que parecen hermosos por fuera, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda clase de inmundicia. Por fuera aparecéis a las personas como justos, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y maldad.
Os jactáis de alargar vuestros propios flecos y ensanchar vuestros bordes. ¡Como vuestros antepasados! Pero el mantenimiento de aquellos edificios de los que os jactáis, las modernas máquinas de imprenta de la última técnica, las más caras, los coches del último modelo que usáis —así como obtuvisteis todas estas cosas gratis— también lo habéis hecho gratis, subiéndoos a las espaldas de las personas a las que dijisteis que se despojaran de sus cargas. Y esos pobres lo hacen amorosamente, con cara sonriente, diciendo «estoy sirviendo a Jehová». No sois los únicos en este mundo que se proporcionan interés y comodidad con el nombre de Dios. Pero vuestro fin, como vosotros mismos proclamáis, está muy cerca. ¿Suponéis que os salvaréis en ese fin? De nuevo os decimos que no. ¿Supusisteis que Dios también es un bandido como vosotros?
Y para hacer todas estas obras abominables, ¿venís y os ponéis ante mí en esta casa que es llamada por mi nombre, y decís: «estamos salvados»? ¿Se ha vuelto esta casa que es llamada por mi nombre una cueva de bandidos a vuestros ojos? He aquí, yo también lo he visto, dice el SEÑOR. Jeremías 7:10-11
Con esta carta, como Pablo dijo a los Gálatas: «¿Buscamos ahora la aprobación de los hombres o la de Dios?» (Gál. 1:10)
Es seguro que necesitáis unidad para permanecer en pie como Organización. Habéis metido esta unidad en los cerebros de vuestros miembros de tal modo que el lema «pase lo que pase, aunque la Organización cometa un error a sabiendas o sin saberlo, ponte siempre detrás de ella y defiéndela» es una manera de comportarse muy normal y obligatoria para vosotros. Si, incluso en un tema de fechas, por ejemplo, echáis de entre vosotros al que mira con duda la creencia que enseñáis sobre 1914, para que esta unidad no se rompa, y declaráis a esa persona un hijo de destrucción y prohibís a todos incluso saludarlo. Como mencionamos en los temas anteriores. Este ejemplo es solo el más famoso de miles. ¡Y al que dice «Dios ve el futuro siempre, no de vez en cuando», lo echáis con el estampe de haber apostatado! Y mientras hacéis todas estas cosas, enseñando, «era necesario porque temíamos que vuestra unidad se rompiera». Jactanciosamente, os comparáis con los ejércitos militares que marchan con los mismos pasos. Mientras por un lado mostráis el servicio militar y las guerras como una parte de Satanás, por otro lado, sin vergüenza, decís «somos los soldados de Jesús». ¿Cuándo y a quién forzó Jesús, con la disciplina de un ejército romano militar, a una cosa que no creía? ¿A quién que vino a él echó Jesús? Yo no lo he leído, pero si vosotros lo sabéis, decídnoslo.
Pues bien, os pregunto: ¿Con qué cara podéis ir de puerta en puerta y decir, «Investigad vuestra religión, y si no salís de entre ellos y venís a nosotros, no podéis salvaros»? Enseñáis a vuestros partidarios que se pague todo precio para no romper vuestra unidad; pues bien, ¿por qué es equivocado cuando las otras religiones enseñan esto? ¡Pensad un poco en el número de todas las religiones de la tierra. Después de eso, contad los millones de horas de los sermones que habéis dado con esta mente y actitud, y de nuevo después de eso, comparad ese número del que os jactáis con todas las religiones de este mundo! ¡¿Es este el número que llamáis vuestro éxito?! ¿Son esas personas, por decir que creyeron en toda necedad y tomaron una postura detrás de ella para no romper la unidad en su propia religión, más necias, más insensibles, más cabezas de piedra y de mal corazón que vosotros, y al final ganan la ira de Dios? De nuevo os decimos que no. Sentimos la necesidad de recordaros la palabra de Jesús el Mesías: «Primero saca la viga de tu propio ojo para que veas la mota en el ojo de tu hermano.» Del mismo modo, en la 2.ª carta del apóstol Pedro 2:18-19:
«Porque, hablando palabras vacías e hinchadas... a los que apenas han escapado de los que andan por el camino equivocado... Les prometen libertad, mientras ellos mismos son esclavos de la corrupción» — al escribir esto, recordamos con aprecio qué hermosa advertencia hizo sobre vosotros y nuestro tiempo.
Queremos volver brevemente de nuevo al tema de la sangre. Puesto que no teníamos conocimiento sobre este tema, nosotros también durante años aplicamos vuestras enseñanzas fanáticas y necias en nuestra vida. De nuevo, para información detallada sobre este tema, podéis encontrar información detallada, científica en las partes de la página 143 a la 158 en el 2.º volumen del libro del hermano Raymond Franz Christliche Freiheit (el alemán de este libro existe por ahora como un CD). Trataremos de escribir solo brevemente y hasta donde entendemos, en nuestras propias palabras. Por lo demás, nuestro fin no es dar una conferencia sobre la sangre. Nuestro fin es mostrar, combinando lo que entendimos a la luz de las Sagradas Escrituras con vuestras prácticas, cómo se puede llegar a ser fanático.
Aceptáis y hacéis trasplantes de órganos. La misma sustancia que está en los órganos está también en la sangre. La sustancia parecida a la harina obtenida separándola del plasma de la sangre entra, tal como es, en el salami, la salchicha y similares sustancias alimenticias de nuestro tiempo. En esa sustancia producida no escribe plasma sino que aparece en alemán como «Stabilisator». Va de todas nuestras mesas a nuestros estómagos también. Además, las vacunas una vez prohibidas y luego permitidas por necesidad, que vuestros misioneros habían administrado, son cosas corrientes. Creemos que sabéis mejor que nosotros que estas vacunas se obtienen de al menos 15 litros de sangre. Se informa de que en un estado de América la Cruz Roja da a los hospitales como sangre entera solo el 6% de la sangre que obtienen en todo el año. Esto debe de ser más o menos lo mismo en otros lugares también. De la sangre restante, como dijimos, analizándola y dividiéndola, se obtienen los medicamentos necesarios. Para la inmunidad, la enfermedad de la leucemia, etc., y muchas más clases de medicamentos que no conocemos. Tomamos todas estas cosas también, vosotros las tomáis. Pues bien, ¿qué más queda que no toméis?
Como dijo de vosotros un médico mencionado en el libro de Franz: «A la persona se le aconsejará una dieta, se le dirá que coma un sándwich, es decir, dentro del pan, salami, queso; y los sacará todos y los comerá por separado.» ¡Esto es vuestro no tomar plasma sanguíneo también. Supuestamente no tomáis sangre, pero aceptáis todas las sustancias que se encuentran en la sangre por separado! ¡Esta también es vuestra lógica de «Organización»!
No tomamos sangre, porque Dios dice mantente lejos de la sangre — así que colocáis vigilantes de vuestras congregaciones que esperan como ídolos a la cabecera de uno que muere de una enfermedad hemorrágica. ¡En caso, sabéis, de que un médico dé sangre! Hacéis guardia a su cabecera hasta la muerte de esa persona. De palabra, todas estas cosas son para consolar al enfermo. Y con esto, supuestamente, hicisteis una gran obra ante Dios. Vengamos a los Escritos Sagrados; ¿dice realmente allí no toméis sangre; o es esto también como 1914 y un montón de vuestras enseñanzas hipócritas?
Después del diluvio de Noé Dios:
Pero no comeréis carne con su vida, que es su sangre. Y ciertamente vuestra sangre, por vuestras vidas, la demandaré.... quien derrame sangre de hombre, por mano de hombre será derramada su sangre. Génesis 9:4-6
Absteneos de las cosas sacrificadas a ídolos, de la sangre, de las cosas estranguladas, y de la fornicación. Hechos de los Apóstoles 15:29
Mientras en ambos versículos y en las leyes de Moisés dice que la sangre no debe usarse con el fin de comer, beber, digerir; Dios a Noé dice que la vida del hombre no debe ser matada, que Él se opone al derramamiento de sangre inocente. Porque, al decir su vida está en su sangre, Dios recalca que la vida es santa.
De nuevo, contra los mismos religiosos fanáticos de su propio tiempo, ¿cómo expresó Jesús el problema sobre el sábado? ¿No dijo, «¿Quién de vosotros, si su oveja o su asno cae en un pozo, no lo salvará en el día de sábado? ¿No pisoteará el día de sábado para salvarlo?» Pero decir que lo que se hace con el fin de salvar la vida de alguien a punto de morir, dando sangre felizmente sin ningún sufrimiento y sin perder nada de la propia salud, o de salvar su salud, es equivocado a vuestros ojos — ¿es así? Si Dios, al decir «su vida está en su sangre», recalca que la vida de una persona es santa, entonces ¿qué es salvarla sino una obra santa? ¿Cuál es más valiosa, la oveja o la vida humana? ¿Cuál es más valioso, el asno o la vida humana? Para salvar la oveja y el asno, se pisotea la ley de Dios, el día de sábado, y el fin es no dañar el poder económico de esa persona con el asno y la oveja. Porque un asno o una oveja que murió al azar en el campo no hace culpable a una nación (pueblo, sociedad), pero por una persona muerta del mismo modo por una razón incierta, Dios, al decir «demandaré esta sangre de todo Israel (o de aquel país)», muestra de nuevo el valor que da a la vida humana. Dios se opone al uso de la sangre solo como sustancia alimenticia, y eso por amor a nuestra salud. Mientras muestra que el derramamiento de la sangre de las personas no será sin pena y que con esto se opone a la masacre, ¿con qué derecho habríamos nosotros, con el conocimiento y las posibilidades técnicas de nuestro tiempo, de prohibir —y eso como «mandato de Dios»— la sangre que es para salvarla, si la vida de una persona está en cuestión?!
De nuevo arrojemos luz sobre este tema con una comparación de Jesús:
Quien jura por el altar, no es nada, pero quien jura por la ofrenda sobre el altar queda obligado, decís. Vosotros ciegos, ¿cuál es mayor? ¿La ofrenda, o el altar que hace santa la ofrenda? Mateo 23:18-19
No nos sorprende ver esta misma enseñanza al revés en vosotros también. Si sangre significa vida, y Dios también ve la vida como santa; vosotros hipócritas que prohibís tomar sangre a una persona que está cara a cara con la muerte por pérdida de sangre y por otra enfermedad. ¿Cuál es santo, la sangre o la vida? ¿Qué santidad tiene la sangre sin vida? ¿No creó el Creador a las dos ligadas una a otra? ¿Cuál es santo, el altar o el sacrificio sobre él? ¿No es el altar el que hace santo el sacrificio? ¿No es la vida la que hace santa la sangre? En quienquiera que esté la sangre, preserva su santidad mientras mantiene vivo a su dueño. Si nos damos órganos unos a otros, y esto ayuda a mantener viva a esa persona; ¿por qué la sangre, dada por una vía mucho más fácil, es equivocada? Al contrario, con el conocimiento de hoy que tenemos sobre la sangre, dar sangre para salvar una vida es en realidad un mandato de Dios. No podemos, como vosotros, sacar ninguna otra conclusión.
¿Pero no fueron vuestros antepasados los que enloquecían de rabia, «¿por qué sanó Jesús en el día de sábado?», por personas con una mano lisiada, seca, los ciegos, los cojos, los tullidos? Vosotros tampoco sois distintos de ellos. Creo que no hay Testigo a quien no hayáis hecho memorizar el versículo escrito en la sección de los Hechos de los Apóstoles del Evangelio, «manteneos lejos de la sangre». Si aquellos apóstoles dijeron manteneos lejos en el sentido literal de que incluso tocar la sangre es equivocado, entonces no deberíamos ni siquiera tener cirugía. Según esto no podríamos comer ninguna carne tampoco. Porque la posibilidad de que al menos o a lo sumo un 3% de sangre pueda encontrarse en los animales aparece en la ley alemana de los carniceros. La lógica de que no habrá ni una sola gota es imposible de todos modos. Si hemos de entender estas cosas según vuestra cabeza, por supuesto.
¿Y qué se ha de decir sobre la morfina? ¡Vosotros que ni siquiera fumáis un cigarrillo! ¿Quién de vosotros no toma morfina durante una cirugía? ¿Por qué no entráis en una cirugía de corazón vivos? Así pues, mientras la morfina sirve a una persona en la cirugía, cuando se usa como medio de placer se vuelve dañina. ¿Pero no puede salir un fanático y decir manteneos lejos de la morfina? Y de toda clase de ella. ¿Por qué no lo diría, puesto que vosotros habéis sacado ese significado para la sangre!
La diferencia entre tomar sangre y comer: La sangre que se come se mezcla con los órganos digestivos y sale (afuera). La sangre tomada en el cuerpo, en cambio, permanece como una parte del cuerpo, como un órgano. Los órganos que tomamos son ahora también una parte de nuestro cuerpo, como la sangre. Dios, sin embargo, estaba contra comer sangre y contra la masacre. No contra salvar la vida, el alma.
Nunca olvido, cuando iba a tener cirugía, con la educación que recibí de vosotros había hecho la misma vergüenza en el tema de no tomar sangre en el hospital. Al recordarlo siento solo vergüenza. Nunca temo morir como siervo de Dios, pero siempre he temido la mancha que traería sobre el nombre de Dios al convertirme en un fanático ciego, distorsionando el propósito de Dios. Gracias a vosotros hicimos este fanatismo también. Al decir estas cosas, ¿ignoramos mis efectos secundarios relacionados con la sangre? ¿Quién de nosotros, antes de la cirugía, no aceptó y firmó una página entera escrita en letra diminuta que muestra los efectos secundarios relacionados solo con la anestesia, los innumerables peligros que podrían llevar a la muerte? La situación relacionada con la sangre por supuesto no es distinta. ¿Acaso ni siquiera la aspirina, que parece la más simple, tiene un efecto secundario?
Hasta 1980 el trasplante de órganos también estaba prohibido en vosotros. Al permitirlo después de eso, ¿aceptasteis, por así decirlo, vuestro error? No. Al decir «de ahora en adelante puede hacerse el trasplante de órganos, pero esto es un asunto de conciencia», quizá haréis una payasada similar en el tema de la sangre. Pero los que murieron a causa de aquel fanatismo vuestro durante años, los cortados de la asociación, aquellos a los que dijisteis «ya eres un hijo del infierno insalvable» — ¿qué será de ellos?
Pero mientras con estas cosas indicamos cuán superficial es vuestro conocimiento, al mismo tiempo, ver vuestra hipocresía y no decirlo significa solo ser un partícipe en vuestras obras, y que eso esté lejos de nosotros. Porque tenéis mucho más conocimiento que nosotros, pero lo habéis usado mal y lo estáis usando mal.
¿Somos más justos que vosotros? No. Pero no afirmamos ser justos como vosotros. Hay personas muy valiosas entre vosotros también. Y aquellos a los que llamáis apóstatas son, a nuestro juicio, generalmente aún más valiosos. Porque muestran que viven no con miedo sino con fe, confiando en Dios, pero no en una organización. Y dan la gloria a Dios y al Mesías como rey, de nuevo no a una organización.
Nuestra carta se ha vuelto muy larga. Como dijimos, hay cientos de temas más no tratados aquí y vuestras distorsiones. Mi esposo, que me empujó por detrás a ser Testigo, y un hermano a quien echasteis de entre vosotros como apóstata porque dijo «Dios ve el futuro siempre, no de vez en cuando», me ayudaron a escribir esta carta. Por lo demás nunca me habría sido posible reunir tan diversos temas sola. Mientras nos regocijamos por nuestra propia cuenta de que hemos visto la verdad, sería en verdad una mentira decir que no estamos tristes por vuestra cuenta. Con gran tristeza por vuestra cuenta, nuestra súplica a Dios será que os libréis del pensamiento de Organización y que os acerquéis a Jehová andando sobre vuestros propios pies, sin confiar en el hombre y hacerlo vuestra fuerza.
El Señor dice así: Maldito el hombre que confía en el hombre y hace del hombre su fuerza y cuyo corazón se aparta del Señor. Jeremías 17:5
Toda clase de pensamiento de Organización distancia a una persona de Dios. Sobre este tema el hermano C. Taze Russell y el hermano Franz tienen explicaciones muy hermosas. Jehová nunca tiene necesidad de una organización. Como dijimos, esta palabra no se encuentra ni una sola vez en las Sagradas Escrituras. Dios, con los mandatos y reglas que dio a la nación de Israel en el tiempo de Moisés, tenía solo un fin educativo; hasta que vino el Mesías, estas leyes serían su maestro. (Gálatas 3:24) Pero no los organizó. La organización es un método que usa Satanás. Los estados, las naciones, los ejércitos, los lugares de trabajo, las mafias, los terrorismos, las escuelas funcionan en nuestra tierra siendo organizados. Pero en el paraíso esto no será así. Ni los ángeles del cielo ni nuestra tierra serán organizados. Y esto será así porque Dios coloca Su propósito en los corazones y las mentes de todas Sus criaturas. ¿Todavía no entendéis? Si Dios organizó a Israel —que, como dijimos, no, solo los educó. De nuevo supongamos, digamos que los organizó. ¿Qué se volvió esta organización con el tiempo? Se desvaneció. ¿Quién puede organizar mejor que Jehová? Además, Dios incluso odia el pensamiento de organización. Porque esta mentalidad de organización es un destructor de la felicidad, el espíritu, la iniciativa, el pensamiento, el amor, la misericordia, la fe y de lo que sea que haya en el nombre de la libertad. Los pensamientos individuales de ninguna institución, sociedad, nación, religión, ejército organizado se valoran. Sino que las personas bajo la organización toman órdenes y están obligadas a hacerlas. Le guste o no, lo crea o no, lo ame o no. La Organización aspira a cumplir la orden. Aunque esto parezca muy necesario para nosotros la humanidad imperfecta, Dios nunca usa este método. No decimos en el sentido de que Dios no manda. Pero en el pensamiento de Organización hay hacer un esclavo. Dios, en cambio, nos llama a ser libres. Tanto en el tiempo presente como en el futuro. Jesús el Mesías, antes de su muerte, a sus discípulos:
Ya no os llamo esclavos; pues un esclavo no sabe lo que hace su amo; sino que os he llamado amigos; pues os he dado a conocer todas las cosas que oí de mi Padre. Juan 15:15
¿Aparece algún pensamiento y fin de una organización en estas palabras? ¿Qué organización es tan abierta y clara como en las palabras de Jesús el Mesías? Este sistema de organización, solo Satanás lo ha usado durante miles de años. Dios, en cambio, lo odia. Aparece en el ejemplo más hermoso, después del diluvio de Noé. Todo el pueblo del mundo, organizado, cuyos pensamientos, lengua y fines eran uno; este pueblo del mundo, que es el ideal de vosotros los Testigos, es la primera BABEL. Su comienzo y su fin, y la reacción de Dios hacia ellos —que antes de que pudieran construir la ciudad que estaban haciendo, Dios confundió sus lenguas y fueron dispersados— lo leímos de las Sagradas Escrituras. Recomendamos a todos leer una y otra vez, en Génesis 11:1-9, la reacción de Dios contra «una unidad, una organización a cualquier costo» que vosotros afirmáis. En el primer siglo, en el tiempo de los apóstoles, ¿hay un término como la palabra organización? Pero cuando, en el tercer siglo, fueron organizados como la religión del estado romano, fue después de eso que el cristianismo se hundió en sus estados medievales y su presente vacío espiritual y sus abominaciones. Solo las organizaciones logran esto de todos modos.
Sin embargo «...DIOS ama al dador alegre», dice en 2 Corintios 9:7. La mentalidad de organización no puede lograr esto. La organización no mira el gozo, el amor, la misericordia. Miran las cifras, las estadísticas, las horas, sus fuerzas, sus números, su ostentación. Y todas estas cosas, después de cierto tiempo, suceden no con amor sino solo con presión.
Hay muchas más cosas que escribir sobre este tema. Pero puesto que nuestra carta se ha vuelto más larga de lo necesario, nos contentamos con escribir solo esto.
Con esta carta no escribimos cosas que no sepáis. Las cosas que recalcamos en nuestra carta son, creemos, quizá solo una diezmilésima de vuestras obras. Pero escribimos con el fin de recalcar que aun esto es cosas que nosotros también sabemos, hemos oído y aprendido viviendo sobre vosotros. Y esto fue suficiente para nosotros, y más. Habíamos salido de aquella vieja religión nuestra sin mostrar el cuidado, la tolerancia, la lealtad que os mostramos a vosotros, sin investigar aquella religión tanto. Con esto queremos recalcar no que sintamos arrepentimiento, sino que vosotros tampoco sois distintos de ellos.
Como dijimos, si las cosas que escribimos fueran sucesos vividos detrás de vosotros sin que lo supierais, sin vuestra conciencia; al advertiros podríamos esperar que las cambiarais, las corrigierais, os disculparais. Pero al contrario, escribimos para que muchos, desconocedores como nosotros, oigan estas cosas que hacéis a sabiendas y en secreto de nosotros. Escribimos esta carta para que los que insisten en permanecer fieles a una organización que tiene estas obras que llevan no a la vida eterna sino a la muerte no puedan decir «no lo sabía».
Os agradecemos el tiempo que nos dedicasteis.
La congregación a la que pertenezco es la congregación alemana de Murrhardt, a la que nunca pude ir. En realidad la congregación a la que podía ir y entender fácilmente era la turca de Neckarsulm. ¡Por razones que no puedo entender, ellos por así decirlo me empujaron a la fuerza allí. (La razón que oí indirectamente es que, al ir a las reuniones, yo llevaba noticias a mi esposo y hacía un deber de espionaje!!! ¿Qué se hace en secreto allí? Y qué clase de peligro surge de que mi esposo oiga esto — ¡todavía no hemos podido resolverlo!!!)
N. Kiper I. Kiper B. Penack
2.ª Carta
A
Wachtturm Gesellschaft
Am Steinfels
65618 Selters /Taunus
19 de enero de 2005
A la Organización de las Publicaciones de la Atalaya
Escribo esta carta de nuevo para llamar la atención sobre la carta que escribí el 10 de octubre de 2003. No esperábamos una respuesta vuestra a las cosas que escribimos de todos modos.
Con el tiempo entendemos mejor que las organizaciones tienen rasgos que nos llevarán no a la vida sino, al contrario, a la muerte. Dios ha querido que siempre le sirvamos con decisiones que las personas toman libremente por sí mismas. (Gálatas 5:1) Pero Dios nunca ha querido una organización que piense, hable y tome decisiones en nombre de toda la humanidad, con un enfoque esclavizador como vosotros habéis planeado, aspirado y aplicado, y esto es también contrario a Sus principios. (Lucas 12:57) Este sistema que aplicáis es solo un ejemplo que habéis tomado de este mundo. ¿No os comparáis vosotros mismos con los ejércitos de este mundo, sus órdenes militares? ¡Y eso aunque decís que ese orden y arreglo es una parte del sistema satánico! Mientras mis, o nuestros, pecados ya son lo bastante grandes para llegar a los cielos, ¿cómo y por qué habríamos de tomar los vuestros sobre nosotros también?!
Mi dejar mi propia religión anterior fue por razones que se contarían mucho más ligeras y más sin importancia comparadas con las cosas que vi y soporté en vosotros. Aunque sus pecados quizá hayan pasado a la historia como más grandes y peores comparados con los vuestros (siendo la razón que, así como ellos han existido durante siglos, el número de sus miembros también es incomparablemente más que vosotros), yo no había estado entre ellos hasta que los investigué como hice en vosotros y adquirí un conocimiento cierto. Con esto quiero recalcar que no mostramos a aquella religión la paciencia, la comprensión y la tolerancia que os mostramos a vosotros. Con estas palabras no aspiramos a elevarnos por encima de nadie. Pero, como acabamos de indicar, queremos recalcar que tampoco tenemos intención de ser partícipes en los pecados necios y planeados de otros.
Por esta razón no estoy a favor de tener ninguna relación con las obras de vuestra organización. No creo en absoluto, pensando como vosotros, que deba haber una organización y que antiguamente Dios siempre tuviera una organización y representara a Dios. Como religión a la que pertenecer, os rechazo con una decisión definitiva. Pero esto no debería significar que hemos cortado y echado de nuestros corazones a las personas que os pertenecen. Aprendimos de Dios a no hacer una distinción mirando el color de la piel, la lengua, la religión, la nacionalidad de ninguna persona. Pero caracterizamos la idea de que deba haber necesariamente mediadores entre Dios y yo (o, personalmente, cada humano mismo) como vergonzosa y una gran falta de educación hacia Dios. (1 Timoteo 2:5) ¡Por todas estas razones, solicito con importancia que mi nombre, que muestra que os pertenezco, sea removido de todas partes! Por favor, no penséis que es demasiado que os pida una breve carta confirmadora de que habéis cumplido este deseo.
Con nuestros sinceros saludos.
Nota: Para que podáis entender inmediatamente el contenido del tema, envío también adjunta la carta que envié el 10 de octubre de 2003.
N. Kiper İ. Kiper B. Penack
3.ª y Última Carta
14 de julio de 2005
Con esta queremos enviaros nuestra última carta. A pesar de nuestro solicitar especialmente y enviar una carta dos veces, y a pesar de nuestro pedir por escrito una respuesta breve y simple, o que confirmarais que ya no os pertenecemos, a vosotros, a vuestra organización, y que no apoyamos ningún pensamiento de organización, hasta hoy no hemos oído de vosotros ni una reacción ni siquiera un sonido. No nos es nada difícil entender vuestra razón para no mostrar una reacción sobre este tema. Puesto que ya habíamos dejado la organización por nuestra cuenta, la situación de expulsión de la sociedad, que es vuestra manera de amenaza y venganza sobre nosotros, por supuesto no puede estar en cuestión. Como Raymond Franz también indica en su libro, «una de las cosas que la Organización nunca puede tolerar es que una persona se vaya por su cuenta, y por consiguiente que la organización ya no tenga ningún derecho sobre esa persona» — una y otra vez confirmamos este pensamiento con nuestras propias experiencias también.
Una cosa de la que hemos estado seguros desde el principio también es que con toda clase de crítica que dirigiéramos a la organización atraeríamos vuestra ira sobre nosotros. Por otro lado, a causa de este sentimiento que habéis dado a todos vuestros miembros, ninguno de ellos puede ni siquiera mostrar el valor de criticaros. Sin embargo, ¿no se esperaría una manera de comportarse distinta de personas que van de puerta en puerta predicando con las Sagradas Escrituras que llevan como palabra de Dios en sus manos? Cuando fue criticado, ¿cómo se comportó David, el profeta de Dios y al mismo tiempo el rey gobernante de aquel país? (2 Samuel 12:1-15) ¿Temería alguien en su tiempo criticar a alguien como David y criticarlo a causa de la ira que atraería sobre sí mismo, aun injustamente?! (2 Samuel 16:5-13) Es claramente evidente que, aunque era rey, no dio este sentimiento a nadie. En todos aquellos años de conocer vuestra organización y estar en ella, nunca presenciamos, ni siquiera de oídas, que tuvierais una actitud similar a la de David.
Según el conocimiento y la conciencia que tenemos, queremos afirmar de nuevo que vuestra organización no se ajusta en ningún aspecto al estándar y la moral de Dios que aprendimos de las Sagradas Escrituras. Así como ya no esperamos una respuesta a esta carta que escribimos, solo anunciamos, por último, que confirmamos la decisión que hemos tomado.